Decíamos ayer que los directivos de Indra están al borde de un ataque de nervios y así siguen, aunque hay dos que ya tienen claro que no continuarán en sus puestos actuales, tras la propuesta de la Comisión de Nombramientos y Retribuciones, que tendrá que ser aprobada en el próximo Consejo de Administración, el martes 29 de septiembre. Hablamos del ‘incombustible’ Manuel Ausaverri, responsable de Estrategia, y del hombre de los Escribano, Manuel Escalante, responsable de Tecnología.
Los dos son pesos pesados y dirigen áreas críticas de la compañía, pero no entran en los planes de Ángel Simón. En el caso de Ausaverri, se trata de uno de los directivos más veteranos -lleva 11 años en la compañía-, que ha sabido adaptarse a los muchos cambios que ha sufrido Indra, principalmente por su buena relación -una relación muy trabajada durante años- con la SEPI. Ahora bien, el que manda en Indra es Moncloa, no la SEPI.
Sea como fuere, la marcha de Ausaverri deja sin responsable de Estrategia, pero también deja huérfano el área de M&A, clave en el pasado del Grupo. Luego iremos con ello y con la apuesta decidida del nuevo presidente por las alianzas más que por las adquisiciones.
Cosa distinta es lo de Manuel Escalante. Para empezar, porque más que incombustible, su paso por Indra se parece más al Guadiana: fue destituido en 2024 por Marc Murtra y José Vicente de los Mozos, pero fue rescatado un año después por Ángel Escribano. Hay quien sospecha que Escalante sigue pasando información de Indra a EME, la empresa de los Escribano y cuya compra -la operación abyecta- frustró Ángel Simón.
Por cierto, se habla de salidas, pero no de fichajes. Ni siquiera de sustituir a los salientes. Por un lado, es lógico ya que uno de los objetivos de Simón es reducir el Comité de Dirección, actualmente formado por 16 directivos. Demasiados.
Y aquí entra otro factor en juego, que ya adelantamos en Hispanidad: el bonus trianual que vence el 31 de diciembre y que esperan cobrar unos 200 jefes, directivos incluidos. Por eso, hay quien piensa -los más optimistas- que Simón no ejecutará la necesaria reducción hasta el primer o segundo trimestre de 2027, tras hacerse efectivo el bonus.
Mientras tanto, el ambiente en la sede de Alcobendas es de máxima tensión, con un Simón que apenas se relaciona con los directivos y con un McKinsey que parece estar fiscalizando a todo el que anda por ahí.
El negocio, en cualquier caso, sigue avanzando bajo la primera premisa de Simón: hay que cumplir como sea los plazos de entrega, aunque para ello haya que aliarse con la competencia. O incluso con EME, con quien compartirá el nuevo programa para el sistema antidrones Aracne, del Ministerio de Defensa, según El Economista.