Las autoridades neerlandesas han confirmado un nuevo caso de eutanasia en el que la víctima vuelve a ser un niño. En concreto, se trata de un menor de dos años con una discapacidad. Según ha trascendido, se trataría del niño que murió el pasado mes de junio.

Como hemos comentado en numerosas ocasiones, con la eutanasia siempre se va a más. Se empieza permitiendo la eutanasia sólo en casos excepcionales y por voluntad propia, pero se termina aplicándola sin restricciones, a cualquier persona e incluso en contra de su voluntad, y de manera especial a los más débiles y vulnerables: enfermos mentales, ancianos, discapacitados sobre todo intelectuales. El pasado 2023 el Gobierno de Países Bajos anunció que se extendería la eutanasia a menores de 12 años y, hace unos meses, llegó el primer caso.

El por aquel entonces ministro de Sanidad, Ernst Kuipers, explicó en una carta al Parlamento que la eutanasia para niños sería posible "cuando se trata de la única alternativa razonable para un médico de poner fin a los sufrimientos desesperados e insoportables del niño". No especificó si las enfermedades mentales como depresión también estarán contempladas pero sí que corrió a asegurar que esta medida solo afectaría a un "pequeño grupo" de cinco a diez niños al año, "para quienes las opciones de cuidados paliativos no son suficientes para calmar sus sufrimientos".

Pero claro, qué pasa, como en este caso, con los niños que por su edad o por su enfermedad no pueden expresar su consentimiento, "para incluir a los niños de 1 a 12 años", "si el niño no puede pedirlo, el padre podrá hacerlo, consultando con el médico".

Y ese es en el caso que nos encontramos, tenía 24 meses y una discapacidad, tal y como afirma LifeNews, que se ha hecho eco de la noticia: el niño "no hablaba, él no lo pidió". Fueron sus padres y su médico los que decidieron que la discapacidad que tenía le causaba sufrimiento y no podía aliviarse, por tanto, fue eutanasiado.

No han trascendido muchos datos, pero sí se ha podido conocer que el bebé nació a las 26 semanas de gestación. Sufrió, según el parte médico, un daño cerebral grave que le provocó parálisis cerebral severa, discapacidad visual y frecuentes convulsiones epilépticas.

Pese a ello sobrevivió al parto y continuó con vida, pero con secuelas, sus pulmones no estaban del todo desarrollados y no podía ni respirar ni tragar bien, tampoco dormir bien por las noches. Los médicos proeutanasia que lo vieron determinaron que sufría y que su desarrollo era como el de un bebé de seis semanas. ¿Se plantearon los cuidados paliativos? No, mejor la eutanasia, sin darle la oportunidad y sin que él pudiera decidirlo.

Este es sólo un ejemplo del plano inclinado o pendiente deslizante de la eutanasia, muy difícil de parar, que provoca que la vida no tenga ningún valor. España, junto a Francia, han sido los últimos país en aprobar la eutanasia, por lo que podemos echar un vistazo a qué ocurre con nuestros colegas criminales del resto de países y adivinar cómo acabaremos.

Países Bajos es un gran ejemplo donde mirar nuestro futuro, ya no es solo la eutanasia a cualquier edad, sino que es un país que solo ve aumentar todos los años las cifras a niveles récord. Un país donde la muerte por eutanasia representa el 6% de fallecimientos del país, en el que las eutanasias en pareja son la última moda, donde tener una enfermedad mental como depresión es motivo suficiente para que el Estado corra a cargo de tu muerte y donde se estudia la aprobación de la eutanasia sin causa justificada.

En cualquier caso, el tema es grave. La corriente mundial es la del aborto hasta el momento del parto, además usado como método eugenésico: si el bebé no es perfecto, lo desechamos. Esto se convierte en infanticidio gracias a la eutanasia, para casos, por ejemplo, en los que los controles en el embarazo no detecten la enfermedad o si por ejemplo el niño sufre algún accidente en sus primeros años de vida.