Como recogió Hispanidad, durante la celebración del último Mundial de fútbol, en Navarra y País Vasco grupos de filoetarras agredieron a aficionados de la Selección Española.
Esas agresiones se produjeron, en días distintos, contra aficionados que llevaban la camiseta de la selección o banderas nacionales.
La buena noticia es que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, poco a poco, los va identificando y deteniendo.
Ayer martes, agentes de la Policía Nacional y de la Policía Foral detuvieron en Navarra a ocho filoetarras de los que agredieron a unos militares en un bar de Berriozar durante la final del Mundial de fútbol, el pasado 19 de julio.
Estos individuos fueron detenidos en el barrio de la Txantrea de Pamplona y otras localidades de la Comarca, como el propio Berriozar, donde se han producido más de la mitad de las detenciones, y Ansoáin.
Este caso está siendo instruido por la plaza número 2 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Pamplona y está bajo secreto de sumario.
Filoetarras también han sido detenidos en otras ciudades como Bilbao, Vitoria o San Sebastián, por sucesos semejantes.
Ahora solo falta que la justicia haga su trabajo y les imponga una condena ejemplar.
En cualquier caso, esto solo ocurre en España, donde hay gente que odia a su propio país. ¿Y el Gobierno de Pedro Sánchez? Calladito. Un silencio que, seguramente, es por culpa del pacto entre el propio Sánchez y EH Bildu -coalición en la que se integran los herederos de Batasuna, brazo político de ETA y que nunca ha condenado los asesinatos de la banda terrorista- para beneficiarse mutuamente: Sánchez, para ser investido presidente con los votos de EH Bildu; y el partido heredero de Batasuna, para sacar poco a poco a todos sus etarras de la cárcel y hacerse con la alcaldía de Pamplona. Pacto al que Sánchez llegó después de haber asegurado a los españoles: "Con Bildu no vamos a pactar".